ratzipapa

Su Santidad, todos hemos visto su última visita a Polonia que ha ocupado este fin de semana en su ajetreada agenda. Igualmente, todos los diarios del mundo han recogido sus palabras: “¿Por qué, señor, has tolerado esto?” en su visita al campo de concentración de Auschwitz.

Supongo que todo buen cristiano se pregunta lo mismo cuando observa a las víctimas en Java por el Terremoto de este fin de semana, o cuando escucha los llantos de todos aquellos niños que mueren de hambre en Etiopía, o cuando lee sobre los quehaceres de la Santa Inquisición en el medievo; he de suponer, que si todo cristiano de a pie se lo plantea, usted también se lo habrá planteado.

Haciendo memoria, Santidad, nunca le he escuchado preguntarse esto tras la multitud de desgracias que han azotado el mundo en este año de papado. La invasión americana de Irak, la guerra en África o los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez no han levantado ningún comentario de esta índole en usted.

¿No será que padece de remordimiento? ¿No será que su conciencia está pasándole revista tras haber pertenecido a las Juventudes Hitlerianas y tras haber ayudado a que las calderas de Auschwitz se mantuviesen encendidas?.