Cuando el español viaja al extranjero se repiten ciertos tópicos sobre nuestro país, el más manido, posiblemente, es el del “toreador”. Es vergonzoso que la seña de identidad de un país con un folklore tan extraordinariamente florido como España, sea una tradición tan vil y primitiva como las corridas de toros.
Es patético que en pleno siglo XXI aún se permita el espectáculo dantesco que se ve dentro de la plaza de toros. Bajo ningún concepto es admisible la tortura a los animales, y la Tauromaquia no es más que una forma más de tortura a los animales, ya que se marea, mutila, humilla y asesina impunemente a un animal ante un público enfervorecido al que sólo le interesa ver caer al astado en un charco de sangre.
El trato al toro es cruel y despiadado, se le clavan banderillas y se le humilla públicamente, finalmente se le clava una espada que desgarra sus pulmones, pleura, corazón y demás vísceras. En el caso de que ese espadazo no acabe con el desdichado animal, con un instrumento digno del medievo se intecta seccionar su Sistema Nervioso Central y acabar “indoloramente” con su sufrimiento. Muchos “entendidos” afirman que este baño de sangre es un “arte”, supongo que todo aquel que piensa que esta masacre es un arte, también pensará que las torturas de Guantánamo o las palizas de neonazis a los inmigrantes también lo son.
Afortunadamente, cada vez somos más los que nos oponemos a que esta sinrazón acabe, cada vez somos más los que pensamos que el lugar en el que tiene que estar el toro es en el campo, no en la plaza de toros. Por eso animo a todos los que detestan esta horrible tradición a que ejerzan su derecho a la protesta y que colaboren en acabar con esta masacre encubierta.







